3 de diciembre de 2008

La pequeña pantalla desfigura la prostitución

Nuestra pequeña pantalla parece fascinada por el conflicto de la prostitución. Para percatarse de ello, no hay más que remitirse a series como Sin tetas no hay paraíso o 700 euros: diario de una call girl. Series que parecen no saber atinar sobre su adecuado tratamiento en pantalla, y que por su ambiguo posicionamiento crean varias confusiones acerca del problema tan serio que representa la prostitución.

Modity

En primer lugar, idealizan la vida de la prostituta. Las protagonistas acuden a fiestas de lujo, pasan de depender de su familia a vivir emancipadas y se les abren puertas a ‘supuestos’ mundos mejores. Es el caso de Cata, en Sin tetas no hay paraíso, que llega a casarse con un millonario relacionado con el narcotráfico. Es por esto que uno se pregunta qué hay detrás de esta exaltación de la prostitución. ¿El mercado del sexo quizás? Surge la duda cuando datos de eleconomista.es desvelan que la prostitución mueve más de 18.000 millones de euros al año.

Asimismo, incitan a pensar que esta violación de la intimidad de la mujer es una alternativa más de trabajo. Las protagonistas de ambas historias son mujeres jóvenes, de entre 20 y 17 años respectivamente, que se han visto ‘obligadas’ a prostituirse por razones de poca importancia. Por este motivo, las telespectadoras, sobre todo las adolescentes, pueden pensar que ser prostituta es un trabajo, una forma fácil de conseguir mucho dinero en poco tiempo -como es el caso de Luna en 700 euros- y de poder estar junto a la persona amada, dejando familia y estudios -como hace Cata en Sin tetas no hay paraíso.

Por último, pretenden disociar el sexo del amor. Esta conclusión se deriva del propósito explicado en el párrafo anterior. Si la prostitución es enfocada de una forma ambigua, sin un posicionamiento claro, se defiende el sexo sin amor. Se alientan, fomentan actitudes que promueven un sexo desapegado de una relación formal, entre dos personas que sienten y se entregan.

Por estas razones, son series peligrosas por cero educativas y por ir dirigidas, sorprendentemente, a un público con una personalidad frágil y dudosa como es el adolescente.

Imagen obtenida de aquí

REVISTA DE MODA EN ZARAGOZA · NÚMERO 12 · NOVIEMBRE 2009
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